Juegos de fútbol: Emilio Butragueño 2

Después del relativo éxito del Emilio Butragueño Fútbol, la compañía Ocean y Erbe Software lanzaron en 1988 la “segunda parte” del juego, aunque lo de segunda parte va entrecomillado porque en realidad el juego es un clon del Gary Lineker’s Hot Shot de la compañía Gremlim. Vamos, que aparentemente los de esas compañías no hicieron gran cosa salvo seguramente pagar a Butragueño para usar su nombre y a Gremlim para copiarles el juego con algunos cambios en la traducción.

Por ello el acabado final tenía poco que ver con la ya reseñada primera entrega. Salvo la visión aérea con el scroll vertical, en poco se parece y en poco le supera. Cuando me hice con este juego me alegré de que por lo menos se podía disputar un torneo mundial y escoger a cualquier equipo, opciones que no tenía la primera entrega.

Otra novedad es que en realidad eran “dos juegos”, uno el arcade de fútbol en sí y otro una parte de entrenamiento, en el que debías realizar diferentes ejercicios de gimnasio simplemente moviendo el joystick de derecha a izquierda, o pulsando dos botones del teclado alternados. Odiaba esta parte, como odiaba todos los juegos basados en esta mecánica, salvo tal vez el Combat School. Así que no le invertí demasiado tiempo. Mientras se te agarrotaban los brazos y el joystick se iba deteriorando por las sacudidas, en pantalla aparecía un entrenador que lanzaba frases de arenga como “Ánimo Buitre” y cosas así, que desde luego no fue motivación suficiente.

Y el torneo, el juego de fútbol en sí, tampoco era nada del otro mundo. Los gráficos era extremadamente sencillos y con pocos colores, casi a modo de los juegos de Spectrum, aunque por otra parte era de agradecer para distinguir bien a los jugadores sobre el terreno de juego. El scroll era un poco extraño, algo farragoso, con una pantalla que cubría una parte demasiado pequeña del campo, por lo que era difícil saber dónde estabas en ese momento. Además para llegar a la portería contraria había que invertir casi tanto tiempo como los Oliver y Benji.

La opción de calibrar la intensidad del disparo era interesante, pero debido a los problemas expuestos anteriormente, servía de poco (costaba ver dónde estaban exactamente tus compañeros para mandarles un pase coherente). Cuando por fin llegabas a portería la opción estaba bien clara: un buen disparo cruzado era la solución para batir a un portero que se movía menos que Epi y Blas en una cama de velcro.

Recuerdo tambiñen que los partidos se me hacían muy largos, creo que porque las opciones de duración del partido eran o bien excesivamente cortas o ya pasabas a cinco minutos que, debido al peculiar desarrollo de la acción del juego, se hacían una eternidad. Por ello la imagen que más me viene a la cabeza cuando pienso en las tardes que le invertí a aquel juego es verme a mí mismo con mis amigos pasando toda la tarde para acabar un torneo.

Con todos sus defectos, por orgullo no parabas de jugar hasta que te lo pasaras, y no me costó demasiado. Una vez completado, ya perdía totalmente la gracia de la novedad y pasa a mis recuerdos como lo que es, un juego mediocre de fútbol, uno a medio camino entre los grandes nombres de la época y de las habituales aberraciones para 8 bits.

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