Desastrosa transición a la TDT


España posee dos caras bien diferenciadas: por un lado, el ansia por ponernos a la cabeza del mundo en todo lo que signifique un avance de progreso. Y por otro, una especial habilidad para gestionar de la peor manera posible ese teórico avance que nos lleva hacia ningún sitio a costa de todos los usuarios. Por el lado positivo, la administración se está volcando de realizar todo tipo de campañas para informar de la instauración del TDT. Se realizan concursos curiosos para llamar la atención de los medios, se organizan foros, charlas y coloquios por todos sitios. Se gastan ingentes cantidades de dinero en promocionar la televisión digital del futuro para que los ciudadanos vayan informándose y acostumbrándose a los que se les viene encima. Sin embargo, a la hora de la práctica, el desastre organizativo no puede ser más chabacano y zarrapastroso. En vez de migrar de un golpe hacia la televisión digital de alta definición en formato de 16:9, como sería lo normal, nosotros lo hacemos por pasos, obligando al usuario a gastarse el dinero cada vez que se traslada al siguiente nivel. Primero adoptamos la tele con TDT, pero luego tendremos que comprar el codificador de alta definición, para disfrute de las marcas, que ven un negocio redondo en esta caótica situación. Por no hablar del pitorreo del formato panorámico. Que para ver películas en DVD vale, pero no para la televisión digital.

Lo paradójico de esta situación viene dado por la pésima calidad de imagen que estamos obteniendo de la “fabulosa” TDT, que había prometido mejoras al nivel de un cine comercial. Sin embargo, hay que advertir que hoy día las emisiones se realizan en formato 4:3 y por tanto, todo aquel que disponga de una súper LCD panorámica de tropecientas pulgadas, se encuentra con la desagradable circunstancia de que su televisor presenta las imágenes achatadas, pues el formato nativo no puede hacer otra cosa que deformar lo proyectado para adecuarlo a sus dimensiones. Y si no queremos que achate, entonces tendremos que activar el modo 4:3, así podremos ver la imagen sin distorsiones pero con unas enormes bandas negras en los laterales, con lo cuál ¿¿para que demonios nos hemos comprado una TV panorámica??.

Además, como en este país la agonía por ganar dinero es marca de la casa, en vez de aprovechar las enormes posibilidades que ofrece la emisión digital, ha optado por apretar al máximo el caudal del ancho de banda con el resultado de desastre en cuanto a la calidad de imagen ¿Por qué? Pues porque han apostado por la cantidad en vez de por la calidad. Han cuadruplicado el número de canales pero con calidad estándar, cuando lo que deberían haber hecho es sólo duplicar los canales para obtener una calidad de alta definición. Hay que pensar que el ancho de banda es limitado, por tanto no queda más alternativa que elegir entre muchos canales pero de mala calidad o pocos pero de alta. ¿Qué creéis que han hecho aquí?. El resultado salta a la vista: telebodrio a mansalva, imágenes achatadas por la incoherencia entre emisión y televisión, y por supuesto, una calidad de imagen que al final resulta peor que la que sacaba nuestro vetusto televisor analógico. Si, si, no echarse las manos a la cabeza. Y os lo dice uno que dispone de plasma panorámico de 42 pulgadas. Otro engañado más. Menos mal que, gracias al bendito Internet(alabado sea), ya no veo la tele.

La única ventaja actual de la televisión digital con respecto a la analógica es la ausencia de interferencias, lo que antiguamente llamábamos “nieve”. En la tele digital, si la señal no llega perfecta, simplemente no se ve nada. Pero a cambio, tenemos pixelaciones, bloqueos, pérdidas de señal, solarizaciones y todo tipo de aberraciones visuales que nos llevan a aconsejar que no tiréis aún los televisores analógicos.

En EEUU han hecho la transición en un solo paso y tan contentos, que para algunas cosas serán de aquella manera, pero para otras, son la referencia. Mientras tanto, aquí padecemos una mezcla entre desorganización, descontrol y avaricia desmedida, con el resultado esperable: una televisión digital de pena, unos gastos desaforados para poder acceder al futuro audiovisual y un cachondeo generalizado por parte de las marcas que ven como su negocio se sanea una y otra vez con la venta de nuevos cachivaches que añadir al aparato de televisión. Lamentable.

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