Las 10 mentiras más “científicas” (1ªParte)

Nos lo tragamos todo. El email se ha convertido en un medio de comunicación tan creíble como otro cualquiera. No por su calidad informativa sino más bien por la pereza mental de no contrastar los datos que nos envían con apariencia de científicos. Estos mitos se han consolidado de tal modo, que los interiorizamos sin el más mínimo debate personal y los aceptamos como verdaderos. Muchas veces los emisores de estas falsas noticias no lo hacen por maldad. Simplemente, los propios científicos primero emiten la información y luego sus propios colegas la desmienten en los siguientes estudios, pero ya no hay nadie que advierta de la nueva revisión. La cadena de mensajes sigue su curso y lo mismo que la reciben, la vuelven a enviar a sus contactos, extendiendo la desinformación y remachando su “calidad científica” puesto que nadie se detiene a rebatirla. La Revista Médica Británica (British Medical Journal) decidió resolver algunos de estos mitos que han circulado durante años. Todos los estudios se hicieron por Rachel Vreeman y Aaron Carroll que desmontaron las más famosas de estas mentiras de la ciencia. A ellos se unieron luego especialistas de los Estados Unidos que se encargaron de aniquilar unos cuantos mitos más que llevan dando vueltas por la Tierra desde hace generaciones.

1. Usamos sólo el 10 % de nuestro cerebro

Falso. Este mito lleva arraigado mucho tiempo en nuestra sociedad alentado, sobre todo, por los creyentes en poderes paranormales que se escudan siempre en él para justificar esas capacidades sobrenaturales. Aparte de la falacia que supone dar una cifra concreta a un asunto tan complejo (¿de donde se han sacado eso del 10 %?¿Por qué no el 19% o el 7.32 % ¿), ningún estudio serio ha demostrado jamás semejante engañabobos. Al analizar una serie de imágenes computacionales y escáneres de resonancia magnética nunca se ha encontrado ninguna zona “durmiente” en el cerebro. Analizando las células o neuronas de un individuo no se encuentran tampoco áreas inactivas o zonas que no estuvieran funcionando. Decir que nuestro cerebro funciona al 10% es tan engañoso como decir que nuestro intestino funciona al 10% porque no somos capaces de digerir piedras o que nuestros ojos funcionan al 10% porque no somos capaces de ver a través de las paredes como Superman.


2. Las uñas y el pelo siguen creciendo después de muerto

Falso. Por mucho que te juren y perjuren que lo han visto con sus propios globos, no se trata más que de una ilusión óptica generada por el retraimiento de la piel del cadáver, según afirman los investigadores. El crecimiento de uñas y pelo requiere de un complejo proceso hormonal que se paraliza en el momento de morir. Los forenses están hartos de ver cuerpos sin vida y jamás han confirmado que les sigan creciendo estas partes a los afectados. Y ellos sí que tienen posibilidad de medir y observar de forma rigurosa todos estos detalles y sin, embargo, no se tienen noticias serias de una sóla afirmación en sentido favorable al mito.

3. Cortarse el pelo al cero hace que crezca más áspero y rápido

Falso. Este mito si que lleva tiempo instalado en nuestra sociedad. Hasta los propios peluqueros lo aconsejan cuando ven que el cliente les llega con problemas de calvicie incipiente. Sin embargo, no se trata más que de otra ilusión. Los investigadores encontraron varios estudios que han comparado parches de cabello que crece después de rasurarse y otros sin rasurarse. Se descubrió que el cabello rasurado no crece más rápido y nace sin una punta muy fina que se encuentra en el cabello sin rasurar, lo cual da la impresión de ser más grueso y más áspero. Además, la sensación subjetiva de ver una cabeza completamente pelada y al poco tiempo, verla oscurecida por el pelo, puede ser muy engañosa. Cuando tenemos el cabello largo, sin embargo, apenas notamos el crecimiento hasta que no se trata ya de algunos centímetros.

De igual modo, coexistiendo con esta falsedad, tenemos otra que dice que cortarse los pelillos de las piernas, hace que te crezcan más fuertes y en más negros. De nuevo otra mentira muy extendida precisamente por el aspecto subjetivo que ofrecen los pelos salientes con respecto a los que estaban ya largos. Además, si esto fuera cierto, habría muchas mujeres que tendría los pelos de las piernas como púas del 15, y sin embargo, se pasan años depilándose con maquinillas de afeitar y siempre los tienen igual (no admitimos las evidencias referidas a las suegras).

4. Hay que beber 2 litros de agua al día

Falso. Este mito se ha extendido gracias a la nueva cultura de la imagen y del culto al cuerpo. Las modelos no paran de decir por televisión que ellas mantienen su esbelta figura gracias a que beben mucha agua durante todo el día. Por otro lado, hoy parece que todos los alimentos poseen propiedades negativas para el cuerpo humano. Si no es porque tienen colesterol, es porque tienen grasa, y si no, porque tienen azúcar, y si no, porque tienen exceso de oligoelementos y si no, porque tienen pocas vitaminas y si no, porque tienen demasiadas vitaminas. Solución: bebemos agua a raudales y tan felices. Los investigadores bucearon en los estudios que existen sobre el tema y no han encontrado uno sólo que mantenga esta afirmación.

No necesitamos tanta agua en nuestro cuerpo para estar sanos. De hecho, los estudios demuestran que nuestro cuerpo es muy bueno para regular cuánta agua necesitamos, y por eso nos indica cuando tenemos sed. Y además, no se necesita beber tanta cantidad de agua pura porque la necesaria se puede encontrar perfectamente en otro tipo de líquidos que bebemos a diario, como por ejemplo en el café, en los zumos, leche o en los propios alimentos.

5. Leer con poca luz daña nuestros ojos

Falso. Esto lo llevamos escuchando desde nuestros padres, que nos regañaban cuando nos poníamos a leer comics de terror a la luz de una vela. Mito que se ha mantenido durante generaciones porque es cierto que cuando estamos forzando la vista se produce un estrés temporal que irrita o cansa la vista, sin embargo, en cuanto volvemos a las condiciones normales de luz, desaparece ese estrés temporal y no queda ningún daño permanente en nuestro ojo. La evidencia científica confirma este hecho. Lo que sucede es que tampoco es aconsejable leer en malas condiciones lumínicas porque no tiene sentido sufrir irritaciones en los ojos pudiendo evitarlo. Sabiendo que no existe posibilidad de daño permanente quedamos más tranquilos, pero seguimos recomendando leer con iluminación adecuada.

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